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lunes, 7 de octubre de 2013

De lo riesgoso que es no tomar riesgos



“El mayor peligro para la mayoría de nosotros no es que nuestra meta sea demasiado alta y no la alcancemos, sino que sea demasiado baja y la consigamos.”     -Miguelángel




Nuevos procesos. Nuevos productos. Oportunidades. Cambios. Ideas. Innovación. ¿Qué palabra asociamos primeramente con estos temas? Riesgo. Nuestra amígdala, esa pequeña parte de nuestro cuerpo que nos inyecta miedo, entra en acción. Mejor permanecer igual. Mejor no cambiar nada si todo va bien. Pero lo más seguro es que no asociemos esa misma palabra con otras como rutina, complacencia y seguridad. De hecho, podemos decir que nuestra mente, como la de muchos gerentes y dueños de empresas, está acostumbrada a analizar y ponderar los riesgos que una nueva idea puede traer. Lo que muchos no hacemos, es pesar los riesgos de permanecer estático: “Nuestros márgenes son bastante buenos”, “Nuestros productos se están vendiendo muy bien, para qué cambiar algo”, “No hay necesidad  de entrar a un nuevo mercado y  tomar un riesgo innecesario”. Estas son frases que se pueden escuchar en muchos lugares, incluso en grandes empresas establecidas. Inercia organizacional. Lo que llega a detener muchas empresas no es lo que hacen, sino lo que dejan de hacer. Las oportunidades que dejan ir, a cambio de la seguridad que aman. Algunos libros destacan dos tipos de riesgos: el primero es intentar algo nuevo y fallar, cuando hunden el barco.
 El segundo es cuando una empresa deja ir una oportunidad, cuando dejan ir el barco. Mientras que la mayoría se propone intencionalmente preocuparse por no hundir su barco y actuar cautelosamente, estando satisfechos con lo que tienen (buenas ventas, una gran parte del mercado,  un gran producto) pueden en realidad estar matando lentamente su empresa.  
Por ejemplo, algunas veces no reconocemos las pequeñas señales que están ahí bajo nuestros ojos: “Nuestros productos siguen siendo muy populares entre nuestros clientes, incluso cuando los productos de nuestra competencia han decaído en ventas”. ¿Qué podemos leer entre líneas? Talvés ese producto va declinando más y más, hasta que alcance a mis ventas.  

Sin embargo, las nuevas ideas son fáciles de digerir para pocos. La intención de este blog no es reducir o minimizar los riesgos de apostar por nuevas ideas, estrategias, personas, mercados. La intención es de ponerte a pensar y a dar más valor a las nuevas ideas que al miedo a fallar. Al final, los costos de sentir seguridad y la aversión al cambio pueden alcanzar los costos de tomar riesgos. Los costos de evitar el fracaso se acumulan y pueden ser mayores que los costos de ir tras el éxito. 
Los riesgos existen en cada vuelta de hoja. Pero lo que hay que recordar es que, sin duda, intentar algo nuevo puede ser riesgoso. Pero no intentar nada puede ser peor.

Visita www.aseyca.com 

jueves, 19 de septiembre de 2013

De las 10,000 horas



"Somos lo que hacemos repetidamente. Por lo tanto, la excelencia no es un acto, sino un hábito."  -Aristóteles



El talento innato está sobrevalorado por muchos de nosotros, incluyéndome. Nos damos cuenta en estos años apenas, después de tantas investigaciones acerca del desempeño en cualquier ámbito, ya sea jugar tenis o ajedrez, pintar o escribir un blog, que lo que dijo el buen Aristóteles hace tantos años es, de hecho, verdad. Nos venimos dando cuenta de que no somos los elegidos para jugar fútbol. Ni  tenemos un don divino para bailar. Somos lo que hacemos repetidamente. 

 Anders Ericsson, líder de las investigaciones del alto desempeño, es el principal defensor del hecho que no existe tal cosa como el talento. Lo que quiere decir Ericsson es que, no hay tal cosa como el talento heredado en nuestro ADN, por nuestros padres, y que hace que algo en particular sea nuestro destino. No. En realidad depende de qué tanto trabajo en eso. Depende de cuántas veces salgo a correr. Depende de cuántas veces practico con la guitarra o cuántas veces juegas ajedrez. Todo está en la práctica. Diez mil horas de práctica hace posible alcanzar la pericia o incluso la perfección en cualquier ámbito de tu vida, de acuerdo con las investigaciones de Ericsson. Esto es la práctica deliberada, yo tengo el poder de influenciar mis propios resultados. 
Lo que separa a los mejores de los todos los demás
Si quieres mejorar tu actitud hacia las personas en tu trabajo, practícalo cada vez que se dé una oportunidad.  Si quieres mejorar tu ortografía, practícala en cada mail, o incluso mensajes y whatsapp. Muchas veces queremos mejorar en algo, pero nos resulta difícil salir de la zona de confort, salir y practicar. Y practicar. Y practicar más. La práctica no es sólo el ingrediente más importante, pero el más difícil y a veces, hasta el menos agradable.
Eso no es para mí...
 No. Falso. Esa frase no existe. Nos damos por vencidos diciendo – y creyendo – que algo no es para ti. No estás destinado a ser un buen gerente, un buen nadador o a cocinar como chef de 5 estrellas.  Pero no puedes estar más lejos de la verdad. Y es que nadie nació cocinando Osso buco a la perfección, sino que ha practicado cocina italiana yendo a cursos, leyendo libros,  participando en talleres.  La perfección no está en nuestros genes, está en el sudor, en los fracasos, en la frustración, en el esfuerzo y hasta en el sufrimiento que nos causa salir de nuestra zona de confort – de no volver a entrar a ella.  Es ahí donde vas a encontrar la excelencia. 

Libro recomendado:
-G. Colvin